martes, 25 de agosto de 2026
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El origen egipcio del dado de veinte caras usado en juegos modernos

Aunque el dado de 20 caras es un ícono de los juegos de rol actuales, hallazgos arqueológicos confirman que estas piezas existieron en Egipto hace más de 2,000 años.

Redacción El Legajo
Foto: xataka.com.mx

Para los aficionados a los juegos de rol como Dungeons and Dragons o Pathfinder, el dado icosaédrico o de veinte caras es una herramienta esencial para definir el destino de sus personajes. Este objeto, fundamental en la cultura lúdica contemporánea, ha sido asociado históricamente con la modernidad; sin embargo, investigaciones arqueológicas recientes han revelado que este diseño geométrico no es un invento reciente. Se han identificado ejemplares de dados de veinte caras con inscripciones en el antiguo Egipto que datan de hace más de dos milenios, lo que cambia nuestra perspectiva sobre la evolución de los juegos de azar.

El hallazgo arqueológico, que ha sido documentado por expertos en historia antigua, sugiere que el uso de poliedros para la toma de decisiones o el entretenimiento no es una invención del siglo veinte. Estos dados, fabricados frecuentemente con materiales como piedra, hueso o terracota, muestran una sofisticación técnica notable para su época. A diferencia de los dados cúbicos tradicionales que hoy conocemos, estas piezas de veinte caras demuestran que las sociedades antiguas ya experimentaban con formas complejas para generar resultados aleatorios en rituales o competencias.

La presencia de estos objetos en colecciones internacionales de antigüedades permite a los historiadores trazar una línea directa entre las prácticas de ocio de las civilizaciones milenarias y los pasatiempos que hoy disfrutan millones de personas alrededor del mundo. Aunque el propósito específico de estos dados en Egipto sigue siendo objeto de debate —siendo utilizados tanto para adivinación como para juegos de mesa—, su existencia confirma que la fascinación humana por el azar y las matemáticas aplicadas al entretenimiento es una constante histórica.

Este descubrimiento invita a revalorar la historia de los juegos de mesa dentro del contexto cultural y académico. En México, donde la comunidad de jugadores de rol ha crecido significativamente en la última década, este vínculo con la antigüedad añade una capa de profundidad histórica a sus partidas semanales. El dado de veinte caras, más allá de ser una pieza de plástico en una mesa de juego, se consolida como un legado milenario que une a las civilizaciones del pasado con la imaginación del presente.

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